UNA CARTA DE SURI · POR VANE
Cuidarte no debería costarle nada al océano.
El océano me enseñó a mirar distinto lo que consumo.
Cuando empecé a descubrir de verdad lo que existe debajo del agua, sentí que estaba entrando a otro mundo.
Hay criaturas, colores y formas de vida que parecen inventadas. Ecosistemas enteros sucediendo ahí abajo mientras nosotras seguimos con nuestra vida acá arriba.
Y cuanto más los conocí, más difícil se me hizo no preguntarme qué impacto tenemos sobre todo eso.
Porque muchas cosas pasan apenas unos minutos por nuestras manos, pero permanecen muchísimo más tiempo después de que dejamos de verlas.
Un envase.
Una bolsa.
Algo que compramos sin necesitar demasiado.
Desaparece de nuestra vista. No necesariamente del planeta.
Empecé a preguntarme qué queda después de cada cosa que consumimos.
No me llevó a querer hacer todo perfecto.
Me llevó a querer entender más.
A consumir menos.
A mirar ingredientes y materiales.
A preguntarme quién produce lo que uso.
A buscar alternativas hechas más cerca.
A pensar no solamente en lo que un producto hace por mí, sino también en lo que deja detrás.
Y, de alguna manera, de ahí también nació SURI.
De entender que cuidarnos y cuidar lo que nos rodea no deberían ser dos cosas enfrentadas.
Me interesa la naturaleza. Y me interesa muchísimo la ciencia.
Los buenos laboratorios, las formulaciones, la tecnología y todo lo que aprendemos para cuidarnos cada vez mejor.
No creo que avanzar signifique alejarnos de la naturaleza.
Creo que el desafío está en aprender a elegir mejor dentro de todo lo que hoy somos capaces de crear.
Sin perfección.
Sin palabras lindas porque sí.
Con curiosidad, información y criterio.
Porque cuanto más conozco ese mundo que existe debajo del agua, más difícil me resulta olvidarme de él cuando vuelvo a la superficie.
Y quizás SURI sea, en el fondo, mi manera de mantener esa pregunta presente.
¿Podemos cuidarnos sin dejar de cuidar lo que nos sostiene?
Yo creo que sí.
— Vane
